Discusión
Las especies nativas e introducidas juegan roles distintos, pero igualmente
significativos en el ecosistema urbano. La presencia de especies nativas, como Annona
emarginata e Inga marginata, contribuyen a la conservación de la biodiversidad local
y al equilibrio natural de los ecosistemas. Estas especies están adaptadas a las condiciones
ambientales del lugar y, por tanto, requieren menos mantenimiento y son más resistentes
a las plagas y enfermedades locales. Además, las especies nativas son fundamentales para
el sustento de la fauna autóctona, proporcionando alimento y refugio a numerosas
especies de insectos, aves y mamíferos (Castellani, 2022; Bellver, 2016).
Por otro lado, las especies introducidas, como los Citrus sp., Morus nigra “mora”,
se han incorporado en los espacios urbanos principalmente por sus características
ornamentales y su capacidad para embellecer el paisaje. Aunque no forman parte del
ecosistema original, estas especies pueden ofrecer beneficios estéticos y funcionales,
como la mejora del microclima y la creación de áreas verdes que promueven el bienestar
de las personas. Sin embargo, el manejo de especies introducidas requiere una evaluación
cuidadosa de su impacto potencial en el ecosistema local, para evitar problemas como la
competencia con especies nativas, la alteración de los ciclos ecológicos y la posible
propagación de enfermedades (Ibáñez, 2015).
Así mismo, estudios realizados en ciudades de Ecuador, indican que se
encontraron 12 especies frutales y seis especies de palma (Renjifo Yánez & Mieles Giler,
2024). mientras que, en las calles de Pilar, se encontraron dos especies de palmas,
Acrocomia aculeata, comúnmente conocida como “mbocaya”, que es una especie
ampliamente distribuida y reconocida por su adaptación a diversos tipos de suelo, así
como por su resistencia a condiciones ambientales adversas. Su potencial para la
restauración ecológica es significativo debido a su capacidad para mejorar la
biodiversidad y proporcionar servicios ecosistémicos, tales como la producción de frutas
y la mitigación del impacto urbano, y Syagrus romanzoffiana, conocida como pindo, es
una especie más bien empleada como ornamental por ser una palmera de gran porte. Su
presencia en las calles contribuye al embellecimiento del paisaje urbano. Ambas especies
de palmas son nativas de Paraguay. Es también relevante explorar cómo estas especies de
palmeras pueden contribuir a la seguridad alimentaria en comunidades urbanas, como se
discute en trabajos de Alfonso et al. (2022). La integración de árboles frutales en
proyectos de seguridad alimentaria puede fortalecer la resiliencia de las comunidades y
promover prácticas sostenibles (Arriaga & al, 2018).