1 Universidad Nacional de Pilar, Centro de Estudios de Educación Popular Criminal, Paraguay, https://orcid.org/0000-0002-9658-2003,
marcellolachi@gmail.com
2 Universidad Nacional de Pilar. Doctor en Administración por la Universidad Nacional de Misiones – Argentina. Investigador categorizado
en el PRONII, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) Paraguay. Investigador de la Universidad Nacional de Pilar -.
Decano de la Facultad de Ciencias, Tecnologías y Artes dependiente de la Universidad Nacional de Pilar (FCTA - UNP), Paraguay,
https://orcid.org/0000-0003-0968-4480, marcellolachi@gmail.com
3 Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología CONACYT, Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires).
Investigador acreditado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT Paraguay), Paraguay, https://orcid.org/0000-0003-3736-
4249, sebasbruno@gmail.com
ISSN: 2617-7374. Enero-Junio 2026.
Vol. 6 Nro.1. Pág: 34- 63
ARTICULO ORIGINAL
ECONOMÍA, EXPECTATIVAS Y DISPONIBILIDAD A EMIGRAR EN ÑEEMBUCÚ.
LA SATISFACCIÓN CIUDADANA CON LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS DEL
GOBIERNO
Marcello Lachi1, Ever F. Villalba Benítez2, Sebastián Bruno3
Recibido: 12/diciembre /2025
Aprobado:30/marzo/2026
Publicado:29 /abril/2026
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Economía, expectativas y disponibilidad a emigrar en Ñeembucú.
La satisfacción ciudadana con las políticas económicas del
gobierno
Revista Científica Multidisciplinaria Jetypeka
Enero – Junio 2026. Vol. 6. Núm. 1
Los trabajos publicados en esta revista están bajo la
licencia Creative Commons Atribución No comercial
Economía, expectativas y disponibilidad a emigrar en Ñeembucú
La satisfacción ciudadana con las políticas económicas del gobierno
Resumen
El estudio analiza la satisfacción de la ciudadanía del Departamento de Ñeembucú
respecto a las políticas económicas del gobierno, considerando tres dimensiones: percepción de
la economía nacional, situación económica personal y disposición a emigrar. Los resultados
evidencian una marcada disociación entre la evaluación de la economía del país
predominantemente negativa y la percepción de la situación económica personal
mayoritariamente positiva. Este hallazgo confirma el carácter subjetivo y multidimensional de
la satisfacción ciudadana, influida tanto por experiencias individuales como por expectativas
colectivas. Asimismo, se observa un moderado optimismo respecto al futuro, lo que sugiere que
las percepciones no se basan exclusivamente en resultados presentes. En cuanto a la emigración,
si bien no constituye una opción mayoritaria, se identifica como una estrategia relevante por
motivos económicos sobre todo entre los jóvenes, siendo la búsqueda de empleo el principal
factor explicativo, evidenciando la relación directa entre condiciones materiales y decisiones
migratorias. El estudio demuestra que bajos niveles de satisfacción ciudadana con las políticas
económicas gubernamentales inciden en la toma de decisiones estratégicas por parte de los
individuos, planteando desafíos en el diseño de políticas públicas que busquen fortalecer la
legitimidad institucional y mejorar las oportunidades de la ciudadanía.
Palabras claves: satisfacción ciudadana, economía, políticas públicas, emigración,
legitimidad institucional.
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Virupurukuaa, ñeha’arôita ha sako’i Ñeembucú-pe jevarâ
Tavaygua vy’a tetâ jokuairape virupururâ ndive
Mombykypyre
Ko jekuaareka ohesa’ÿijo tetâgua, yvyvore Ñeembucú-gua vy’areko ko tetâ jokuairape
reko virupurúpe; ojehecha mbohapy mba’eapo reko: mba’éichapa tetâ pirapire guerekópe,
mba’éichapa yvypóra pirapire guerekópe ha oîpa yvypóra ohoséva ambue tetâme.
Tembiapokue: Ojejuhu tuicha joavy pe tetâ he’iháichagui ojeguerekoha viru (ha’ekuéra ohecha
virupuru oho vaíha) ha pe yvypóra ohechaháicha pe viru jeguereko (péva ohecha viru jeguereko
oho porâha). Ko tembiapo omyesakâ tetâyguakuéra vy’a ipyperekoha ha hekoetáha, péva, oúha
peteî tembiasakuégui, avei umi tetâyguakuéra oha’arôvagui. Upéicha avei, ojehechakuaa peteî
jeguerovia kangy ára upeigua rehe, péva he’ise jehechareko oñemopyendaha umi tembiapokue
ojehecháva ára agâguápente. Tetâguiñesê, ndaha’éiramo jepe hetave yvypóra orekóva
iñakâmekuéra, hákatu ojekuaa ha’eha tape oipykúiva heta pyahukuéra ohekáva viru peteî
mba’apo porâ rupive, ndojuhúiva hetâme, upéa rekávo osê oho hikuéi; péicha ojechauka ha’eha
viru rupytyse haguére ikatuha ojepyta térâ oñesê tetâgui. Ko jetypeka avei omyesakâ pe
tetâyguakuéra vy’a reko ikangýrô jokuairape virupuru naiporâigui oguerekoha pu’aka
omboaje haguâ hekovekuéra rape; ko’â mba’e omoî tesa renondépe mba’eapopyrâ pe
jokuairape tetâgua ojejapóvo, ikatu haguâicha omombarete ha omboha’ete tava’apo,
omoporâvévo tavaygua rekove.
Ñe’ê tenondegua: Tavaygua vy’a, virupurukuaa, jokuairape avaetagua, tetâguiñesê,
tava’apoha mboha’ete.
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Economy, expectations, and willingness to emigrate in Ñeembucú.
Citizen satisfaction with the government's economic policies.
Abstract
This study analyzes the satisfaction of residents in the Department of Ñeembucú with
the government’s economic policies, examining three dimensions: perceptions of the national
economy, personal economic situation, and willingness to emigrate. The results reveal a marked
disconnect between the assessment of the country’s economy predominantly negative and the
perception of personal economic situation mostly positive. This finding confirms the subjective
and multidimensional nature of citizen satisfaction, influenced by both individual experiences
and collective expectations. Likewise, moderate optimism regarding the future is observed,
suggesting that perceptions are not based exclusively on current outcomes. Regarding
emigration, while it is not a majority choice, it is identified as a relevant strategy for economic
reasons, particularly among young people, with the search for employment being the main
explanatory factor, highlighting the direct relationship between material conditions and
migration decisions. The study demonstrates that low levels of citizen satisfaction with
government economic policies influence individuals’ strategic decision-making, posing
challenges for the design of public policies aimed at strengthening institutional legitimacy and
improving opportunities for citizens.
Keywords: citizen satisfaction, economy, public policy, emigration, institutional
legitimacy.
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Introducción
En el marco de las actividades del Observatorio Social instalado en la Universidad
Nacional de Pilar, bajo la implementación del proyecto PINV01-419, cofinanciado por
Conacyt, se ha realizado un estudio que analiza los niveles de satisfacción de la ciudadanía
ñeembuqueña respecto de la situación económica del país y de su propia situación económica
personal. Asimismo, se puso énfasis en el método que históricamente ha sido utilizado por la
población paraguaya para superar condiciones económicas consideradas insatisfactorias, es
decir, la emigración a otros países.
Como señalan varios autores (Bouckaert y Van de Walle, 2003; Cabrera et al., 2010;
Morgeson III y Petrescu, 2011; Rojas et al., 2019), la satisfacción ciudadana con las actuaciones
del gobierno es un sentimiento que permite evidenciar cómo la población interpreta los
resultados obtenidos por las autoridades en la implementación de políticas públicas,
constituyéndose de esta manera en una suerte de indicador subjetivo del desempeño
gubernamental y en una herramienta para fortalecer la capacidad estatal de responder a las
demandas ciudadanas.
En este sentido, la percepción de los ciudadanos sobre cómo las autoridades responden
a sus necesidades puede convertirse en un instrumento de legitimación de las instituciones; a la
inversa, una percepción de ineficiencia de las políticas públicas tiende a erosionar la propia
institucionalidad del país. De esta manera, evaluar los niveles de satisfacción ciudadana permite
verificar empíricamente los niveles de confianza que la ciudadanía deposita en las instituciones
y, al mismo tiempo, posibilita que estas identifiquen las fallas en sus políticas públicas para
implementar las correcciones necesarias (Van Ryzin, 2007; Howard, 2010).
El proceso de valoración de los aspectos positivos o negativos de la acción de gobierno,
por lo tanto, no es solamente un método para evaluar la calidad de las actuaciones de las
autoridades ni la forma en que la ciudadanía las interpreta; más bien, constituye un instrumento
que evidencia la salud de la institucionalidad democrática del país desde la perspectiva de la
población. En efecto, al expresar satisfacción o insatisfacción con determinadas políticas
públicas, la ciudadanía está señalando, en última instancia, su nivel de aprobación del sistema
democrático vigente y su capacidad para garantizar el bienestar colectivo (Vigoda, 2002;
González Ramírez et al., 2012).
Aunque en el trabajo que aquí presentamos se aborda un aspecto específico de la
satisfacción ciudadana a saber, el referido a las políticas económicas del gobierno y, en
particular, a los efectos que estas generan en la vida laboral y social de los ciudadanos, ello no
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implica una simplificación del proceso analítico; por el contrario, supone un desafío adicional.
Construir una percepción colectiva sobre cómo la ciudadanía comprende la realidad económica
que la rodea y los efectos que esta produce implica traducir en valores numéricos un fenómeno
originalmente difuso y de carácter subjetivo.
Para ello, el uso de encuestas de opinión se presenta como la herramienta s adecuada.
No obstante, esto requiere definir con claridad el objeto de estudio y, posteriormente, identificar
con precisión las dimensiones y variables que permitirán relevar la información pertinente. Se
trata de un procedimiento mediante el cual una noción abstracta, como la satisfacción
ciudadana, se transforma en un conjunto de datos cuantitativos que generan información
susceptible de ser analizada e interpretada, con el fin de obtener una comprensión clara del
fenómeno desde la perspectiva de la ciudadanía (Doupovec, 2010).
Para ello a continuación, en primer lugar, se presentarán la definición y la
conceptualización de la satisfacción ciudadana; seguidamente, se examinarán las dimensiones
e indicadores seleccionados para alcanzar los resultados esperados por la investigación.
Asimismo, se expondrán los fundamentos que justifican el uso de la encuesta de opinión como
instrumento metodológico, así como las características técnicas de la encuesta aplicada para
este trabajo.
Más adelante, se presentarán los datos obtenidos a partir de la encuesta, tanto de manera
general como desagregada. Posteriormente, dichos datos serán analizados en diálogo con los
elementos teóricos previamente expuestos.
Finalmente, el informe se cerrará con la presentación de las conclusiones derivadas del
análisis de los datos recopilados, verificando de esta manera, y a la luz de la información
obtenida, los niveles de satisfacción de la ciudadanía ñeembuqueña respecto de las políticas
económicas implementadas por el gobierno
Definición y conceptualización de la satisfacción ciudadana
El estudio de la satisfacción ciudadana con la acción de gobierno constituye una
dimensión central dentro del análisis de la calidad de la gobernanza democrática. Medir la
satisfacción de los ciudadanos respecto a la gestión estatal y al funcionamiento de los servicios
públicos permite no solo conocer la percepción social sobre la efectividad gubernamental, sino
también evaluar los niveles de legitimidad y confianza institucional que sustentan al sistema
político. En este sentido, la satisfacción no debe entenderse únicamente como una reacción
individual ante la prestación de un servicio, sino como una construcción compleja que combina
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experiencias concretas, expectativas previas, valoraciones subjetivas y predisposiciones
políticas.
De acuerdo con Rojas et al. (2019: 35), la satisfacción ciudadana con la acción del
gobierno puede definirse como “el bienestar resultante de la experiencia del uso o servicio
ofrecido por una institución pública”. Este concepto implica, por tanto, un componente
evaluativo la comparación entre expectativas y resultados y un componente afectivo, ligado al
grado de bienestar o agrado que experimenta el ciudadano-usuario luego de su interacción con
una institución del Estado. Desde esta perspectiva, la satisfacción actúa como un indicador del
desempeño gubernamental, pero también como un reflejo del vínculo de confianza entre la
ciudadanía y las instituciones.
En la literatura sobre gestión pública, Westbrook y Oliver (1991) plantean que la
satisfacción del usuario se genera cuando, al realizar una transacción o interacción con una
institución, el resultado percibido coincide con las expectativas tanto racionales como
emocionales— que el ciudadano tenía antes de dicha experiencia. Esta definición, originada en
los estudios de comportamiento del consumidor, ha sido adaptada al ámbito público para
analizar cómo los ciudadanos evalúan los servicios estatales en función del cumplimiento de
sus expectativas previas.
Siguiendo esta línea, Bouckaert y Van de Walle (2003) destacan la importancia de la
predisposición previa hacia la institución proveedora del servicio. A mayor confianza y
reputación institucional, mayor será la probabilidad de que los ciudadanos interpreten
positivamente los resultados obtenidos, incluso ante deficiencias objetivas en la prestación del
servicio. Esto implica que la satisfacción ciudadana no solo depende del desempeño técnico de
la administración, sino también de factores simbólicos y actitudinales, como la credibilidad
institucional, la transparencia percibida y la identificación política con el gobierno de turno.
Cabrera et al. (2010) refuerzan esta interpretación al sostener que la satisfacción con los
servicios públicos debe entenderse fundamentalmente como una evaluación de la calidad
percibida, mediada por las expectativas previas del usuario. En este sentido, dos ciudadanos
que reciban un mismo servicio pueden evaluarlo de manera muy diferente, dependiendo de su
experiencia previa, su nivel educativo, su ideología política o su confianza en las instituciones
públicas. Así, la satisfacción no es un dato puramente objetivo, sino una construcción subjetiva
e intersubjetiva que refleja la manera en que los ciudadanos interpretan su relación con el
Estado.
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La satisfacción con la acción gubernamental puede verse afectada por múltiples
factores, entre ellos el grado de aprecio que el ciudadano siente hacia la misión institucional del
organismo que ofrece el servicio, su predisposición hacia las autoridades que lo gestionan y su
propio estado de ánimo o bienestar personal (Bouckaert & Van de Walle, 2003). Estos
elementos, de carácter subjetivo y contextual, inciden directamente en la manera en que las
personas perciben la calidad y la justicia de las acciones gubernamentales.
A ello se suma el conjunto de valores, creencias y orientaciones hacia las instituciones
y los actores políticos que presenta el ciudadano (Almond & Verba, 1963; Inglehart, 1997). La
percepción de eficiencia o ineficiencia del gobierno está fuertemente mediada por su
orientación política y por su nivel de confianza institucional. De esta manera, dos grupos con
experiencias similares pueden evaluar de forma distinta la acción del Estado según sus
predisposiciones ideológicas o su grado de escepticismo frente a la política.
En este contexto, los estudios sobre performance gubernamental destacan que la
satisfacción no puede analizarse de manera lineal ni exclusivamente en términos de resultados
administrativos. Como advierte Bouckaert (1995), aunque en principio podría suponerse una
relación directa entre la calidad objetiva del servicio y la satisfacción ciudadana, la evidencia
empírica demuestra que esta relación rara vez se verifica plenamente. La percepción de calidad
está filtrada por expectativas previas, marcos culturales y valoraciones políticas, que pueden
distorsionar la evaluación de los resultados. En otras palabras, una mejora técnica en el servicio
no garantiza automáticamente un aumento en la satisfacción si los ciudadanos no confían en la
institución o perciben injusticia en el trato recibido.
Más allá de su dimensión operativa, la satisfacción ciudadana con la acción de gobierno
constituye también un indicador de confianza institucional. Morgeson III y Petrescu (2011)
argumentan que las mediciones de satisfacción hacia los servicios públicos son una herramienta
valiosa para evaluar el nivel de apoyo ciudadano al gobierno y al sistema político en general.
Cuando los ciudadanos expresan altos niveles de satisfacción con la gestión estatal, ello refleja
no solo la aprobación de políticas específicas, sino también una actitud de confianza en la
capacidad del Estado para responder a las demandas sociales.
Este vínculo entre satisfacción y confianza se enmarca dentro del modelo teórico
propuesto por Easton (1975), quien distinguió entre apoyo específico dirigido a las autoridades
y políticas concretas y apoyo difuso, referido a la legitimidad del régimen político y sus
instituciones. La satisfacción con la acción gubernamental se ubica, por tanto, en la intersección
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entre ambos niveles: representa una respuesta inmediata a la gestión de gobierno, pero también
influye en la legitimidad general del sistema democrático.
En este sentido, los estudios comparados de Van Ryzin (2007) muestran que la
satisfacción ciudadana actúa como un mecanismo de retroalimentación que puede fortalecer o
debilitar la confianza política. Cuando los ciudadanos perciben que las instituciones responden
a sus necesidades de manera justa, eficiente y transparente, se refuerza el vínculo de
legitimidad. En cambio, la percepción de ineficiencia o corrupción erosiona no solo la
satisfacción inmediata, sino también la confianza estructural en la democracia.
A pesar de las limitaciones señaladas como la influencia de factores emocionales,
ideológicos o coyunturales, las mediciones de satisfacción con la acción de gobierno siguen
siendo herramientas indispensables para la gestión pública contemporánea. Howard (2010)
sostiene que medir la satisfacción ciudadana cumple al menos dos funciones esenciales. En
primer lugar, fortalece la rendición de cuentas al ofrecer evidencia empírica sobre el desempeño
de las instituciones frente a las expectativas ciudadanas. En segundo lugar, facilita la mejora
continua de las políticas públicas, ya que permite identificar áreas críticas, detectar fallas en la
implementación y ajustar las estrategias gubernamentales en función de la retroalimentación
ciudadana.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2021) ha
enfatizado que la medición de la satisfacción y la confianza pública constituye un componente
clave de la gobernanza abierta, orientada a la transparencia, la participación y la co-creación de
valor público. En esta perspectiva, la satisfacción no se limita a un indicador pasivo de
evaluación, sino que se convierte en un insumo estratégico para el diseño de políticas más
inclusivas y centradas en las personas.
Asimismo, el World Bank (2020) ha incorporado en su marco de evaluación de la
gobernanza la medición de la satisfacción ciudadana como parte de los indicadores de
“efectividad del gobierno”. Según este enfoque, los niveles de satisfacción con las políticas
públicas reflejan la capacidad del Estado para garantizar la eficiencia administrativa, la calidad
regulatoria y la equidad en el acceso a los bienes públicos. En países con democracias jóvenes
o en consolidación, como los latinoamericanos, esta información resulta particularmente
valiosa para identificar brechas de desempeño y construir legitimidad política.
Definida claramente la utilidad de la satisfacción ciudadana en la acción de gobierno
como elemento evaluativo de la gobernanza, resulta útil verificar como esta se consiga
valorarla concretamente. En cuanto es a través de ese valor que la identifica, y de cómo este
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va modificándose en el tiempo que resulta posible evidenciar cómo y de qué forma la gestión
pública vaya o no mejorando (Olavarría Gambi, 2010).
Vigoda (2002) señala que, antes que todo, la valoración de los aspectos positivos o
negativos de la acción de gobierno, no pueden más que basarse sobre la opinión de los que son
los principales receptores de los servicios, de las políticas y, en general, de las actuaciones de
las autoridades a cargo del gobierno de la cosa blica; es decir, los ciudadanos. Por su parte,
González Ramírez et al. (2012), llegando a la misma conclusión, afirman que la medición de
una categoría analítica cual es la satisfacción ciudadana hacia la acción de gobierno en la gestión
pública, resulta posible solamente mediante la concreta valoración de la que debe entenderse
como la visión o la percepción de los ciudadanos al respecto.
Por esto, para poder cuantificar o valorar la satisfacción ciudadana de la acción de
gobierno en un determinado periodo de tiempo, tendremos que tomar en consideración
principalmente aquellas variables que se relacionan más directamente con las experiencias y las
percepciones del ciudadano. O con referencia a los servicios públicos de los cuales es usuario,
o teniendo directamente en consideración su opinión acerca de las políticas públicas que
implementan las autoridades en su acción de gobierno. Eso porque es principalmente desde la
interacción directa personal, y por parte de su entorno social (amigos, colegas y parientes) con
las actuaciones gubernamentales de gestión pública, que el ciudadano construye sus propias
valoraciones con respecto a estas (Delgadillo & Castillo, 2010)
Se trata entonces que el método de medición a utilizarse permita identificar los factores
(las dimensiones) que inciden en la evaluación que realiza cada ciudadano al momento de
evidenciar su satisfacción hacia la acción de gobierno, de manera a identificar el valor que, en
la opinión de ellos, aportan las autoridades al funcionamiento de la gestión pública (Moore,
1998). Ayudándonos al mismo tiempo a evaluar concretamente el nivel de impacto de esos
mismos factores (los indicadores), de manera a poder interpretar, a través de esa misma
valoración obtenida, como la ciudadanía evalúa su propia satisfacción con referencia a la
gestión de gobierno.
Se trata en síntesis de trasformar aquellas que son las representaciones cognitivas que
cada ciudadano va estructurando (Hardin, 2006) para que estas se interpreten tanto con las
dimensiones como con los indicadores necesarios para identificar la manera con la cual el
mismo evalúa su propia satisfacción con la gestión pública. De esta forma será posible obtener
una valoración numérica que permita evidenciar como cada ciudadano interpreta, tanto objetiva
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como subjetivamente, aquellas que son las políticas públicas que concretamente realizan las
autoridades a cargo del gobierno (Delgadillo & Castillo, 2010).
La satisfacción ciudadana con la acción de gobierno, por lo tanto, acaba estructurándose
como un concepto multidimensional que integra percepciones subjetivas, experiencias
concretas y evaluaciones políticas. De esa manera, no puede interpretarse únicamente como un
reflejo técnico de la calidad de los servicios públicos, sino más bien asume las características
de una manifestación compleja del vínculo entre ciudadanía y Estado mediado a través las
actuaciones de las autoridades de gobierno. Medir la satisfacción ciudadana con la acción de
gobierno, en consecuencia, no significa solo cuantificar opiniones, sino comprender cómo la
población experimenta, interpreta y valora el ejercicio del poder público, y por ende juzga el
trabajo de las autoridades a cargo del mismo.
Metodología
Como se señaló en la introducción, el proceso de evaluación de la satisfacción ciudadana
con la acción de gobierno que se aborda en este trabajo se limita esencialmente a aquellas
temáticas específicamente relacionadas con políticas públicas de alcance económico.
En este sentido, la percepción ciudadana sobre la acción de gobierno que se busca
interpretar se centrará, en primer lugar, en la realidad económica que los ciudadanos
ñeembuqueños consideran que atraviesa el país y, en segundo lugar, en cómo esta se refleja en
su situación económico-laboral particular. Asimismo, se evaluará cómo la realidad económica
percibida repercute en la vida de los ciudadanos en términos de su disponibilidad a emigrar,
precisamente como consecuencia de la situación socioeconómica que consideran estar
viviendo.
Para desarrollar este proceso de evaluación de las políticas públicas en el ámbito
económico, a partir de las tres dimensiones de análisis señaladas —a saber: situación económica
del país, situación económica personal del ciudadano, y disponibilidad del ciudadano a emigrar
junto con sus razones, se identificó una serie de indicadores que se intentarán cuantificar, de
modo que proporcionen una representación numérica de los niveles de satisfacción que se
buscan analizar.
Los indicadores que se utilizarán son, en parte, de carácter perceptivo, especialmente
cuando se refieren a situaciones que están fuera del control directo de los encuestados, como es
el caso de la economía del país. En otros casos, sin embargo, los indicadores combinan
elementos perceptivos con aspectos basados en experiencias reales que cada ciudadano vive de
manera personal y que inciden en sus valoraciones y creencias.
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En total, se definieron seis indicadores, dos por cada dimensión señalada. Los
indicadores que permiten verificar cómo la ciudadanía interpreta la situación económica del
país son: la evaluación de la situación económica actual del país con respecto al año anterior y
la evaluación de la situación económica en el futuro próximo. Los indicadores que permiten
evidenciar cómo la ciudadanía interpreta su propia situación económica son: la evaluación de
la situación económica personal actual con respecto al año anterior y la evaluación de la
situación económica personal en el futuro próximo. Finalmente, los indicadores que ayudan a
identificar la opinión del ciudadano respecto a la posibilidad de migrar a otro país en búsqueda
de nuevas oportunidades son: la disponibilidad del ciudadano a emigrar para vivir o trabajar en
otro país y las motivaciones que empujan al ciudadano para emigrar.
Lo que se busca evidenciar, a través de la cuantificación de estos indicadores, es cómo
la ciudadanía evalúa las políticas públicas en el ámbito económico implementadas por las
autoridades gubernamentales. Esto se analiza tanto en relación con la economía del país como
con la manera en que dichas políticas se reflejan en la economía personal de los ciudadanos,
considerando además cómo estos resultados inciden en su disposición a migrar en busca de
mejores oportunidades laborales o de un mayor nivel de vida.
Para obtener una cuantificación adecuada de estos indicadores y, de este modo, verificar
la percepción ciudadana respecto a las políticas públicas en el ámbito económico, la herramienta
más apropiada es, sin duda, la encuesta cuantitativa. En efecto, los métodos cuantitativos y
estadísticos particularmente la aplicación de encuestas de diferentes tipologías y alcances son
considerados instrumentos de recolección de datos eficaces y eficientes cuando se trata de
evaluar la percepción y opinión de la ciudadanía sobre temas que le conciernen como actor
colectivo (Duarte & Jaramillo, 2009).
Como indican Almond y Powell (1972), es únicamente mediante la encuesta de opinión
como instrumento de recolección de datos que resulta posible alcanzar un conocimiento
probabilístico de la realidad lo suficientemente preciso y definido como para comprender cómo
se estructura la visión y percepción respecto de la gestión pública en una comunidad. Esto es
especialmente relevante cuando el objetivo es evaluar las opiniones que los ciudadanos
expresan sobre las decisiones políticas adoptadas por las autoridades, tanto en la
implementación de políticas públicas como en su acción cotidiana de gobierno. De hecho, desde
la década de 1990, las encuestas cuantitativas se han consolidado como el principal instrumento
y, por ende, el más difundido para evaluar la gestión pública y el desempeño de las autoridades
gubernamentales (Bouckaert & Van de Walle, 2003).
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Groves et al. (2004: 4) definen la encuesta como “[…] un método sistemático para la
recopilación de información de [una muestra de] los entes, con el fin de construir descriptores
cuantitativos de los atributos de la población general de la cual dichos entes son miembros”.
Desde el punto de vista de su fundamentación epistemológica, la encuesta, en tanto herramienta
cuantitativa, se basa en el procesamiento de los hechos mediante técnicas numéricas, lo que
permite garantizar elevados niveles de precisión y confiabilidad en los resultados. Según Sarduy
(2007), las encuestas, al posibilitar la recopilación, el procesamiento y el análisis de datos
cuantitativos asociados a variables previamente definidas, permiten que los resultados
obtenidos adquieran un valor analítico que trasciende la simple descripción, posibilitando la
interpretación de la realidad empírica.
A través de la encuesta es posible obtener datos numéricos que permiten identificar,
mediante la manipulación de variables, el comportamiento de los fenómenos estudiados. Al
respecto, Buedía Eisman et al. (1998: 120) señalan: “la encuesta [es] un método de
investigación capaz de dar respuesta a problemas tanto en términos descriptivos como de
relación de variables, tras la recogida de información sistemática según un diseño previamente
establecido que asegure el rigor de la información obtenida”. En el mismo sentido, Arias (2012:
72) sostiene que “[la encuesta] es una técnica que pretende obtener información suministrada
por un grupo o muestra de sujetos acerca de mismos, o en relación con un tema en particular”.
La encuesta, entonces, constituye la técnica más adecuada para recopilar y cuantificar
información relacionada con un tema específico, permitiendo documentar y describir las
percepciones, conocimientos y comportamientos de una población determinada en el momento
de su aplicación.
Las encuestas pueden incluir preguntas abiertas o cerradas, en las que el encuestado
debe elegir, entre opciones limitadas, aquella que considere más cercana a su percepción. En
este caso, las preguntas pueden ser dicotómicas —con solo dos opciones de respuesta— o de
opción múltiple (Martínez, 2002).
Considerando los objetivos de esta investigación, el uso de preguntas cerradas ha
resultado ser el más apropiado. En consecuencia, las seis preguntas aplicadas fueron de
respuesta cerrada con alternativas múltiples, cinco de ellas no dicotómicas y una dicotómica.
La encuesta aplicada para este trabajo fue realizada en junio de 2025 y estuvo dirigida
a personas mayores de 18 años residentes exclusivamente en el departamento de Ñeembucú.
Para el marco muestral se utilizó el listado de distritos, barrios urbanos y localidades rurales del
Instituto Nacional de Estadística (INE). El diseño muestral fue cuasiprobabilístico, polietápico
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y estratificado, con afijación semiproporcional. La muestra estuvo compuesta por 800 personas,
con afijación por área, sexo y edad según criterios cuasiproporcionales. El error muestral teórico
fue de ±3,4%, con un nivel de confianza del 95%.
Para el análisis de los datos cuantitativos se aplicaron desagregaciones según
características sociales y económicas. Asimismo, se realizaron distribuciones y cruces
comparativos con el objetivo de verificar el impacto de los resultados en función de los distintos
perfiles socioculturales de los participantes.
Percepción ciudadana acerca de la situación económica del país
La primera de las tres dimensiones económicas que se evaluarán en el marco del estudio
sobre los niveles de satisfacción de la ciudadanía del Departamento de Ñeembucú con la acción
de gobierno, busca analizar cómo la ciudadanía percibe la situación económica del país. Para
ello, a los encuestados se les formularon dos preguntas: cómo consideraban que se encontraba
la situación económica del país en relación con un año atrás y cómo estimaban que estaría dicha
situación dentro de un año.
En el Cuadro 1 se presentan los resultados correspondientes a la primera pregunta. De
ellos se evidencia que una importante mayoría de los ciudadanos ñeembuqueños (57,5%) opina
que la situación económica actual del país ha empeorado con respecto a un año atrás. Entre
ellos el 19,9% considera que la economía del país está “igual de mal que hace un año”, el 30,4%
opina que está “peor ahora” y el 7,2% señala que está “mucho peor ahora” que un año atrás. En
cambio, un 41,2% considera que la situación ha mejorado, siendo el 24,0% quienes consideran
que la economía del país está “igual de bien que hace un año”, el 14,3% quienes señala, que
está “mejor ahora” y el 2,9% quienes opinan que está “mucho mejor ahora” que un año atrás.
Solo el 1,2% no sabe o no contesta.
Cuadro 1
Percepción de la ciudadanía ñeembuqueña acerca de cómo está hoy la situación económica
del país con relación a un año atrás.
%
Mucho mejor ahora
2,9%
Mejor ahora
14,3%
Igual de bien que hace un año
24,0%
Ha mejorado
41,2%
Igual de mal que hace un año
19,9%
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Peor ahora
30,4%
Mucho peor ahora
7,2%
Ha empeorado
57,5%
No sabe / No contesta
1,2%
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
Un dato relevante surge al analizar las desagregaciones por edad. Se observa que los
jóvenes (18-29 años) presentan una opinión en contratendencia con la general, dado que quienes
valoran positivamente la evolución de la economía del país alcanzan el 51,7%, mientras que
quienes la evalúan negativamente representan el 46,6%. En cambio, entre los adultos (30-54
años) y los mayores de 55 años se evidencia una percepción similar y coherente con el resultado
global: el 62,0% de los primeros y el 58,7% de los segundos consideran que la situación
económica del país ha empeorado en el último año.
La segunda pregunta, referida a la percepción ciudadana sobre la situación económica
del país dentro de un año, presenta resultados parcialmente opuestos a los anteriores. Como se
observa en el Cuadro 2, entre la ciudadanía ñeembuqueña predomina cierto optimismo respecto
al futuro, ya que el 51,8% expresa opiniones positivas: un 19,7% considera que la economía
estará “igual de bien que ahora”, un 25,7% que estará “mejor” y un 6,4% que estará “mucho
mejor”. Por otro lado, el 45,0% manifiesta una visión pesimista: el 20,0% cree que estará “igual
de mal que ahora”, el 17,2% que estará “peor” y el 7,8% que estará “mucho peor”. El 3,2% no
sabe o no contesta.
Cuadro 2
Percepción de la ciudadanía ñeembuqueña acerca de cómo estará dentro de un año la situación
económica del país
Mucho mejor
Mejor
Igual de bien que ahora
Mejorará
Igual de mal que ahora
Peor
Mucho peor
Empeorará
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No sabe / No contesta
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
Al desagregar estos datos por edad no se observan diferencias significativas, ya que
todos los grupos etarios presentan una visión mayormente positiva, con variaciones mínimas
entre sí. Distinta es la situación cuando se analizan los datos según el nivel socioeconómico de
los encuestados
1
. En este caso, se identifican diferencias relevantes: los sectores de nivel
socioeconómico medio-alto presentan un perfil más pesimista, con un 51,8% que considera que
la economía empeorará en los próximos 12 meses, frente a un 44,0% que cree que mejorará. En
contraste, los sectores s pobres se muestran más optimistas: el 59,7% estima que la economía
mejorará, frente al 38,0% que considera que empeorará.
Los datos presentados nos muestran en la ciudadanía ñeembuqueña una percepción
mayoritariamente negativa sobre la evolución reciente de la economía, especialmente entre
adultos y mayores. No obstante, predomina un moderado optimismo respecto al futuro. Las
diferencias por edad son limitadas en las expectativas, pero relevantes en la evaluación
retrospectiva. En cambio, el nivel socioeconómico introduce contrastes significativos: los
sectores más favorecidos son más pesimistas hacia el futuro, mientras que los más vulnerables
presentan mayores expectativas positivas.
Percepción ciudadana acerca de su propia situación económica
La segunda de las tres dimensiones analizadas en el marco de este trabajo se refiere
también a la realidad económica, pero desde la perspectiva personal de cada encuestado. Para
ello, se formularon dos preguntas similares a las anteriores, aunque orientadas específicamente
a describir la situación económica individual desde la percepción de cada persona. En concreto,
se solicitó que el encuestado indicara, por un lado, cómo consideraba su situación económica
actual en relación con un año atrás y, por otro, cómo estimaba que estaría dicha situación dentro
de un año.
En el Cuadro 3 se presentan los resultados correspondientes a la primera de estas
preguntas. Los datos muestran una realidad muy diferente a la observada en la dimensión
anterior. En este caso, la ciudadanía ñeembuqueña, a pesar de manifestar una visión
predominantemente pesimista respecto de la economía del país, expresa una percepción
mayoritariamente positiva sobre su situación económica personal.
1
Para estructurar los niveles socioeconómicos de la población paraguaya hemos aplicado a los datos del la EPH 2024 la clasificación establecida al respecto por el PNUD
(2016), la cual define cuatro grupos poblacionales: pobres, vulnerables, clase media y clase alta. Al respecto el PNUD indica que deben considerarse como vulnerables quienes
perciben diariamente hasta 2,5 veces el ingreso de una persona en situación de pobreza, y como clase media o alta a quienes ganan más de 13 veces ese monto (por la reducida
incidencia de la clase alta la hemos unificado con la media). El umbral de pobreza utilizado fue aquello fijado por el INE en 2025, con base en la misma Encuesta Permanente
de Hogares señalada.
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En efecto, quienes presentan una percepción optimista (es decir, consideran que su
situación económica ha mejorado) alcanzan el 71,2%. De ellos, el 41,1% señala que su
economía está “igual de bien que hace un año”, el 22,0% que está “mejor ahora” y el 8,1% que
está “mucho mejor ahora”. Por el contrario, quienes manifiestan una percepción pesimista (la
situación personal económica ha empeorado) solo alcanzan el 28,7%, un valor que se distribuye
entre el 11,2% que considera que su situación está “igual de mal que hace un año”, el 15,6%
que la evalúa como “peor ahora” y el 1,9% que la califica como “mucho peor ahora” que hace
un año. El 0,2% no sabe o no contesta.
Cuadro 3
Percepción de cada ciudadano de Ñeembucú acerca de cómo está hoy su situación económica
personal con relación a un año atrás
%
Mucho mejor ahora
8,1%
Mejor ahora
22,0%
Igual de bien que hace un año
41,1%
Ha mejorado
71,2%
Igual de mal que hace un año
11,2%
Peor ahora
15,6%
Mucho peor ahora
1,9%
Ha empeorado
28,7%
No sabe / No contesta
0,2%
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
El análisis por edad revela diferencias significativas, con un aumento importante del
optimismo a medida que disminuye la edad. Así, el 88,1% de los jóvenes (18-29 años) considera
que su situación económica ha mejorado, frente al 71,1% de los adultos (30-54 años) y al 59,8%
de los mayores de 55 años que opinan lo mismo. En cambio, al desagregar por nivel
socioeconómico no se observan diferencias relevantes, ya que los porcentajes son similares
entre grupos sociales, siendo quienes opinan que su situación económica ha mejorado con
respecto a un año atrás el 70,8% de los pobres, el 69,8% de los vulnerables y el 74,3% de los
pertenecientes a la clase media-alta.
La segunda pregunta, referida a las expectativas sobre la situación económica personal
dentro de un año, muestra una acentuación de esta tendencia que acabamos de visualizar. En el
Cuadro 4 se observa que el 77,8% de los encuestados manifiesta una visión optimista; entre
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ellos el 25,1% considera que su situación estará “igual de bien que ahora”, el 34,5% que estará
“mejor” que ahora y el 18,2% que estará “mucho mejor” que ahora. Por su parte, quienes
consideran que su situación económica personal empeorará, solo representan el 18,7%, siendo
el 8,5% quienes consideran que dentro de un año estará “igual de mal que ahora”, el 7,1%
quienes creen que estará “peor” que ahora y el 3,1% quienes estiman que estará “mucho peor”
que ahora. El 3,4% no sabe o no contesta.
Cuadro 4
Percepción de cada ciudadano de Ñeembucú acerca de cómo estará dentro de un año su
situación económica personal
%
Mucho mejor
18,2%
Mejor
34,5%
Igual de bien que ahora
25,1%
Mejorará
77,8%
Igual de mal que ahora
8,5%
Peor
7,1%
Mucho peor
3,1%
Empeorará
18,7%
No sabe / No contesta
3,4%
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
El desglose por edad confirma la misma tendencia señalada para la pregunta anterior.
Nuevamente son los jóvenes (18-29 años) quienes destacan por su alto nivel de optimismo,
siendo el 91,4% de ellos quienes consideran que su situación económica mejorará en los
próximos doce meses. Mientras que opinan de la misma forma el 77,5% de los adultos (30-54
años) y el 69,1% de los mayores de 55 años. Por su parte, el análisis por nivel socioeconómico
vuelve a mostrar escasas diferencias, con valores muy similares entre grupos sociales. Quienes
opinan que su situación económica ha mejorado con respecto a un año atrás son el 78,2% de
los pobres, el 76,5% de los vulnerables y el 80,2% de los pertenecientes a la clase media-alta.
Los resultados que acabamos de presentar evidencian una importante disociación entre
la percepción por parte de la ciudadanía ñeembuqueña acerca de la economía nacional y de la
situación económica personal, con un predominio de evaluaciones positivas en el ámbito
individual. Este optimismo además se intensifica ulteriormente al proyectarse hacia el futuro.
La edad, por su parte, emerge como un factor explicativo relevante, ya que los jóvenes presentan
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niveles significativamente más altos de optimismo que los adultos y los mayores. En contraste,
el nivel socioeconómico no introduce diferencias sustantivas, mostrando percepciones
homogéneas entre los distintos grupos sociales.
Disponibilidad ciudadana a emigrar a otro país y razones para hacerlo
La tercera y última dimensión que se analiza busca evidenciar la disponibilidad de los
ciudadanos ñeembuqueños a emigrar a otro país, así como identificar las razones que motivan
dicha decisión. Para ello, a los encuestados se les formularon dos preguntas: si tenían intención
de emigrar en los próximos tres años y cuáles serían las razones que los impulsarían a hacerlo.
Los resultados de la primera pregunta se presentan en el Cuadro 5. En él se evidencia
claramente que la gran mayoría de los ñeembuqueños (82,0%) no está interesada en emigrar a
otro país en los próximos tres años, mientras que solo el 17,1% manifiesta estar dispuesto a
hacerlo.
Cuadro 5
Disponibilidad de la ciudadanía ñeembuqueña para emigrar a otro país en los próximos tres
años
%
Si
17,1%
No
82,0%
No sabe / No contesta
0,9%
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
Al desagregar por edad, se observa que la disponibilidad a emigrar varía
significativamente según el grupo etario. Los jóvenes (18-29 años) son quienes muestran mayor
predisposición (26,0%), seguidos por los adultos (30-54 años) con un 19,9% y, finalmente, los
mayores de 55 años con apenas un 7,2%. Estos datos no resultan sorpresivos si se considera
que los jóvenes, al tener generalmente menos ataduras familiares, presentan mayor disposición
a emigrar en busca de mejores oportunidades. Del mismo modo, el bajo porcentaje entre los
adultos mayores se explica por su proximidad a la jubilación, lo que reduce el incentivo a iniciar
procesos migratorios. Resulta particularmente relevante el caso de los adultos, quienes, a pesar
de contar en su mayoría con familias consolidadas y trayectorias laborales definidas, presentan
una proporción significativa (1 de cada 5) dispuesta a emigrar. Este dato sugiere que el sistema
económico y social paraguayo podría no estar respondiendo adecuadamente a las necesidades
de este sector.
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En cuanto al nivel socioeconómico, los resultados también presentan elementos de
interés. Aunque en Paraguay históricamente los sectores más pobres han sido los más propensos
a emigrar, los datos indican que actualmente son los sectores vulnerables (19,0%) y de clase
media-alta (16,1%) los que muestran mayor disposición, mientras que entre los más pobres solo
el 12,6% manifiesta interés. Esto podría explicarse, por un lado, por la existencia de políticas
de apoyo social dirigidas a los sectores más empobrecidos, que reducen su predisposición a
emigrar, y por otro, por una coyuntura económica nacional poco favorable para las clases
trabajadoras y medias, que incentiva la búsqueda de mejores oportunidades en el exterior, tanto
en países cercanos —Argentina y Brasil— como lejanos —Europa y Estados Unidos—, donde
aún es posible encontrar oportunidades laborales relativamente más ventajosas.
Un dato interesante a señalar es que, al cruzar la disponibilidad a emigrar con la
situación económica personal (Cuadro 6), se observa que a mejores condiciones económicas
corresponde una menor predisposición a emigrar (entre 12% y 15%), mientras que esta aumenta
considerablemente cuando la situación económica empeora (entre 20% y 24%), lo que refuerza
la existencia de una relación directa entre condiciones materiales y decisiones migratorias.
Cuadro 6
Disponibilidad a emigrar del ciudadano de Ñeembucú según su situación económica personal
actual
Disponibilidad a emigrar
SI
NO
Mucho mejor ahora
12,5%
87,5%
Mejor ahora
15,3%
82,4%
Igual de bien que hace un año
14,9%
84,1%
Igual de mal que hace un año
23,6%
76,4%
Peor ahora
22,4%
77,6%
Mucho peor ahora
20,0%
80,0%
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
En relación con la segunda pregunta, referida a las razones que impulsarían los
ciudadanos ñeembuqueños a emigrar, los resultados del Cuadro 7 muestran que la búsqueda de
trabajo constituye el principal factor. En efecto, el 35,2% de los encuestados señala la búsqueda
de mejores oportunidades laborales como principal motivación. Otras razones presentan
porcentajes significativamente menores: estudiar (3,8%) y evitar situaciones de violencia
(2,0%). No obstante, hay que destacar como un 14,2% indica la reunificación familiar como
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motivo (con familiares que seguramente tuvieron que emigrar en el pasado por razones
económicas o políticas), mientras que un relevante y mayoritario 42,1% afirma que no existen
razones para emigrar, evidenciando su rechazo a esta opción.
Cuadro 7
Razones para emigrar a otro país
Porc.
Buscar mayores oportunidades de empleo
35,2%
Estudiar
3,8%
Evitar ser víctima de la inseguridad /
violencia
2,0%
Reunirme con mi familia
14,2%
Por otra razón
1,4%
No hay ninguna razón para emigrar
42,1%
No sabe / No contesta
1,3%
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
El desglose por edad revela diferencias importantes. Entre los adultos mayores, solo el
13,4% menciona la búsqueda de mejores oportunidades laborales como motivo para emigrar,
frente al 52,8% de los jóvenes y el 42,4% de los adultos que lo señalan. En cambio, la
reunificación familiar es más relevante para los mayores (19,8%) que para los adultos (13,6%)
y jóvenes (7,3%). Asimismo, el 62,2% de los adultos mayores considera que no existen razones
para emigrar, proporción superior a la registrada entre adultos (36,8%) y jóvenes (23,0%). Cabe
destacar también que el 13,5% de los jóvenes menciona el estudio como motivación.
En síntesis, los jóvenes se inclinan a emigrar principalmente por razones educativas y laborales;
los adultos, fundamentalmente por motivos laborales; y los mayores de 55 años, principalmente
por razones de reunificación familiar.
Cabe subrayar que, por nivel socioeconómico, no se registran diferencias significativas
en cuanto a las razones para emigrar.
Adicionalmente, al evaluar las razones únicamente de quienes manifestaron estar
dispuestos a emigrar (Cuadro 5), en el siguiente Cuadro 8 se puede observar como una amplia
mayoría (79,9%) lo haría por motivos laborales, seguida, a considerable distancia, por quienes
lo harían para estudiar (7,3%) o reunirse con su familia (7,3%).
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Cuadro 8
Razones para emigrar a otro país, solamente quien declara disponibilidad a emigrar
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
Finalmente, al cruzar la disposición a emigrar con la situación económica personal
(Cuadro 3), se confirma, como se evidencia en el Cuadro 9, que esta última incide directamente
en dicha decisión. Aunque las diferencias no son extremadamente amplias, resultan
consistentes: la disposición a emigrar por razones laborales es menor entre quienes presentan
condiciones económicas favorables (entre 23% y 27%) y mayor entre quienes enfrentan
situaciones más desfavorables (entre 31% y 37%). Esto permite sostener que la predisposición
a emigrar de los ciudadanos ñeembuqueños está fuertemente condicionada por sus condiciones
económicas y laborales.
Cuadro 9
Comparación entre disponibilidad a emigrar a otro país, pero solo para encontrar trabajo, y
situación económica personal de los ciudadanos ñeembuqueños
Disponibilidad a emigrar
SI
NO
Mucho mejor ahora
25,0%
75,0%
Mejor ahora
26,7%
72,5%
Igual de bien que hace un año
22,7%
76,2%
Igual de mal que hace un año
36,4%
63,6%
Peor ahora
30,6%
67,8%
Mucho peor ahora
36,8%
49,1%
Fuente: datos de la encuesta realizada en el marco de la investigación. Elaboración propia.
Porc.
Buscar mayores oportunidades de empleo
79,9%
Estudiar
7,3%
Evitar ser víctima de la inseguridad /
violencia
2,1%
Reunirme con mi familia
7,3%
Por otra razón
1,3%
No hay ninguna razón para emigrar
1,3%
No sabe / No contesta
0,8%
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Los datos sobre emigración hasta aquí presentados evidencian como la misma no
constituye una opción mayoritaria entre los ciudadanos ñeembuqueños; sin embargo, existe un
segmento significativo de la población —particularmente jóvenes y adultos— que la considera
viable, principalmente por motivos económicos. La búsqueda de empleo emerge como el factor
determinante, lo que confirma el carácter estructuralmente económico del fenómeno migratorio
en este contexto.
Asimismo, se observa que la predisposición a emigrar está estrechamente vinculada
tanto a la edad como a la situación económica personal. Los jóvenes presentan mayor
disposición debido a su menor nivel de arraigo, mientras que los adultos reflejan tensiones entre
estabilidad alcanzada y expectativas insatisfechas. Por su parte, los adultos mayores muestran
una baja inclinación, asociada más bien a la reunificación familiar.
Finalmente, los datos sugieren que las condiciones económicas nacionales, en particular
para los sectores medios y vulnerables, juegan un papel central en la decisión de emigrar, lo
que plantea desafíos relevantes para las políticas públicas orientadas a retener capital humano
y mejorar las oportunidades laborales internas.
Análisis de los resultados
Los resultados que acabamos de presentar permiten establecer una lectura compleja y
no lineal de la satisfacción ciudadana en el ámbito económico, en coherencia con los enfoques
teóricos que destacan su carácter multidimensional, subjetivo y mediado por expectativas,
experiencias y predisposiciones (Bouckaert & Van de Walle, 2003; Cabrera et al., 2010).
En primer lugar, la percepción mayoritariamente negativa sobre la evolución reciente
de la economía nacional (57,5% considera que ha empeorado) confirma que la ciudadanía
evalúa críticamente el desempeño macroeconómico del gobierno. Sin embargo, el hecho de que
esta evaluación negativa coexista con expectativas relativamente optimistas a futuro (51,8%
considera que la economía mejorara en los siguientes doce meses) sugiere la existencia de un
“optimismo condicionado” en la ciudadanía, donde esta, pese a percibir un deterioro reciente,
mantiene expectativas positivas sobre la capacidad futura del gobierno o del sistema
económico. Siguiendo a cuanto señala Easton (1975), esto podría interpretarse como la
presencia en la ciudadanía ñeembuqueña de una actitud ambivalente hacia la institucionalidad
democrática con una clara distinción entre apoyo específico (crítico respecto al desempeño
actual del gobierno) y apoyo difuso (aun relativamente estable en términos de expectativas
hacia el sistema).
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Uno de los resultados más significativos del estudio es la marcada disociación entre la
percepción de la economía nacional y la percepción de la situación económica personal. En
efecto, mientras la primera es evaluada negativamente, la segunda presenta niveles elevados de
optimismo (71,2% considera que su situación ha mejorado). Este fenómeno ha sido
ampliamente documentado en la literatura como una forma de “disonancia perceptiva” o “sesgo
egotrópico”, donde los individuos tienden a evaluar su situación personal (evaluación
egotrópica) de manera más favorable que el contexto general (evaluación sociotrópica), en este
caso específico su situación económica personal es interpretada subjetivamente de manera
mucho más favorable que la economía nacional, independientemente que esa diferencia sea
efectivamente real (Kinder & Kiewiet, 1981; Fiorina, 1981; Lewis-Beck, 1988).
Un dato que además confirma cuanto señalado por Bouckaert (1995), es decir que no
existe una relación directa entre indicadores objetivos o agregados y la satisfacción ciudadana,
ya que esta última está filtrada por experiencias personales, expectativas y marcos
interpretativos. En este caso, la experiencia directa del individuo su empleo, ingresos o
estabilidad parece tener mayor peso que la percepción abstracta de la economía nacional.
Asimismo, este resultado puede interpretarse a la luz del modelo de evaluación
retrospectiva en ciencia política, según el cual los ciudadanos evalúan al gobierno en función
de los resultados económicos tanto a nivel agregado como individual (Fiorina, 1981; Kinder &
Kiewiet, 1981). Sin embargo, la literatura ha demostrado que las evaluaciones sociotrópicas y
geotrópicas, por cuanto divergentes, pueden coexistir y operar de manera relativamente
autónoma (Kirchgässner, 2016).
En cuanto a las expectativas futuras sobre la situación personal, el alto nivel de
optimismo (77,8%) refuerza la idea de que las percepciones ciudadanas están fuertemente
influenciadas por expectativas más que por condiciones objetivas presentes. Este hallazgo es
consistente con lo planteado por Cabrera et al. (2010), quienes subrayan que la satisfacción se
construye a partir de la comparación entre expectativas y resultados percibidos.
El análisis por edad introduce matices relevantes. Los jóvenes presentan una evaluación
menos negativa del pasado y mayores niveles de optimismo tanto en la economía nacional como
en su situación personal. Esto puede explicarse a partir de factores subjetivos y actitudinales,
como señalan Inglehart (1997) y Almond y Verba (1963), quienes destacan que las orientaciones
generacionales influyen en la percepción de la realidad política y económica. En esta misma
línea, diversos estudios han demostrado que los jóvenes tienden a presentar mayores niveles de
optimismo respecto al futuro y evaluaciones menos negativas del contexto, debido a sus
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expectativas de movilidad social y menor aversión al riesgo (Easterlin, 2006; Blanchflower &
Oswald, 2008).
Por el contrario, los adultos y adultos mayores presentan evaluaciones más críticas, lo
que puede vincularse con experiencias acumuladas, mayores responsabilidades económicas y
una mayor percepción del riesgo (Guiso et al., 2018), lo que influye en la construcción de
expectativas más cautelosas.
Por otro lado, la escasa diferenciación por nivel socioeconómico tanto en la percepción
de la situación económica del país, presente y futura, como por lo que se refiere a la situación
económica personal resulta particularmente interesante. A diferencia de lo esperado, los
distintos grupos sociales presentan niveles similares de pesimismo (con referencia la situación
económica nacional actual) y de optimismo (con referencia a la situación económica personal
actual y futura). Esto podría interpretarse como un efecto de homogeneización perceptiva,
posiblemente vinculado a la difusión de marcos interpretativos compartidos y a la influencia de
información socialmente mediada, que tienden a generar percepciones similares entre distintos
grupos sociales (Zaller, 1992; Evans & Andersen, 2006).
En contraste, el nivel socioeconómico introduce diferencias significativas en la
percepción de la economía nacional futura, donde los sectores más favorecidos se muestran más
pesimistas. Este resultado puede explicarse a partir de la teoría de las expectativas adaptativas,
según la cual los individuos forman sus expectativas en función de experiencias pasadas y
niveles de referencia, lo que implica que los sectores con mayores recursos y, por ende, con
mayores aspiraciones tienden a evaluar más críticamente la evolución económica (Friedman,
1957; Clark et al., 2008).
La tercera dimensión analizada la disponibilidad a emigrar permite articular los
resultados anteriores en términos de comportamiento potencial. Aunque la emigración no es
una opción mayoritaria (82% no está dispuesto a emigrar), el 17,1% que lo considera
representa un segmento relevante desde el punto de vista de la dinámica social y económica.
El hecho de que la disposición a emigrar esté directamente relacionada con la situación
económica personal confirma el carácter estructuralmente económico del fenómeno migratorio,
en línea con los enfoques clásicos de la migración como respuesta a desigualdades de
oportunidades (Harris & Todaro, 1970). Este resultado también refuerza la idea de que las
percepciones económicas no solo influyen en actitudes, sino también en decisiones potenciales
de comportamiento.
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La predominancia de la búsqueda de empleo como principal motivación (35,2% en
general y 79,9% entre quienes desean emigrar) evidencia que la emigración es percibida
fundamentalmente como una estrategia de mejora económica. Este hallazgo se articula con la
literatura sobre migración laboral, que destaca el papel de los factores “push” (falta de
oportunidades) y “pull” (mejores condiciones en el exterior) (Massey et al., 1993).
El análisis por edad muestra nuevamente la centralidad de este factor. Los jóvenes son
quienes más asocian la emigración con oportunidades laborales y educativas, lo que refleja su
orientación hacia la movilidad social. En cambio, los adultos mayores priorizan la reunificación
familiar, lo que indica que la migración también responde a dinámicas sociales y afectivas, más
allá de lo económico.
Finalmente, el hecho de que los sectores más pobres presenten menor predisposición a
emigrar que los sectores vulnerables y medios sugiere por un lado la ausencia en la actualidad
de importantes oportunidades laborales en las zonas directamente fronterizas con Paraguay, y
por el otro la existencia de barreras estructurales a la movilidad internacional, como costos
económicos o falta de redes migratorias. Este resultado introduce un matiz importante: no todos
los grupos tienen la misma capacidad de convertir la intención migratoria en acción efectiva.
En conjunto, los resultados confirman los planteamientos teóricos que conciben la
satisfacción ciudadana como una construcción compleja, donde interactúan percepciones macro
y micro, expectativas, experiencias y factores estructurales. Asimismo, evidencian que la
evaluación de las políticas económicas no solo afecta la legitimidad del gobierno, sino que
también incide en decisiones estratégicas de los ciudadanos, como la migración.
Conclusión
Cuantos hemos evidenciado en este trabajo nos hace concluir que la satisfacción
ciudadana en el ámbito económico en el Departamento de Ñeembucú presenta una estructura
compleja, caracterizada por la coexistencia de percepciones negativas sobre la economía
nacional y valoraciones positivas sobre la situación económica personal.
Los resultados evidencian que la ciudadanía mantiene una evaluación crítica del
desempeño macroeconómico reciente, lo que sugiere la existencia de un nivel significativo de
insatisfacción con las políticas económicas implementadas por el gobierno. Sin embargo, esta
percepción negativa no se traduce en un pesimismo generalizado respecto al futuro, ya que
predomina un moderado optimismo en las expectativas económicas tanto a nivel nacional como
personal. Este hallazgo indica que la satisfacción ciudadana no responde únicamente a
resultados presentes, sino también a expectativas y proyecciones futuras.
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Paralelamente, se observa una clara disociación entre la evaluación de la economía del
país y la percepción de la situación económica individual. Mientras la primera es
predominantemente negativa, la segunda presenta altos niveles de optimismo. Este fenómeno
sugiere que las experiencias personales directas tienen un peso determinante en la construcción
de la satisfacción, por encima de las percepciones abstractas sobre el contexto general.
También hay que señalar que la edad emerge como un factor explicativo clave. Los
jóvenes muestran mayores niveles de optimismo y mayor predisposición a emigrar, lo que
refleja una orientación hacia la movilidad social y una menor vinculación estructural con el
entorno local. En contraste, los adultos y adultos mayores presentan evaluaciones más críticas
y menor disposición a migrar, lo que se vincula con mayores niveles de arraigo y
responsabilidades.
En cuanto a la emigración, esta aparece como una estrategia potencial relevante, aunque
no mayoritaria. Su carácter eminentemente económico queda claramente establecido, siendo la
búsqueda de empleo el principal factor motivador. Asimismo, se confirma que la predisposición
a emigrar está estrechamente vinculada con la situación económica personal, lo que refuerza la
idea de que las condiciones materiales influyen directamente en las decisiones de los individuos.
Finalmente, los resultados plantean desafíos importantes para la política pública. Por un
lado, la existencia de percepciones negativas sobre la economía nacional puede afectar la
legitimidad del gobierno y la confianza institucional. Por otro, la predisposición a emigrar de
sectores jóvenes y activos implica riesgos en términos de pérdida de capital humano. En este
contexto, resulta fundamental que las políticas económicas no solo mejoren los indicadores
objetivos, sino que también logren incidir positivamente en las percepciones y expectativas de
la ciudadanía.
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