Introducción
Durante el siglo XX, aparecieron los primeros cursos de postgrado en Estados Unidos
de Norteamérica, con el nombre de Máster con el fin de complementar los estudios
universitarios de tan solo cuatro años. En los años 60, algunos países de Europa copiaron este
modelo americano de postgrado, que luego se expandió rápidamente en todo el mundo. Con el
avance de la tecnología, esta modalidad académica se convirtió en una herramienta
imprescindible para el avance científico, técnico y social. Así mismo, empiezan a realizarse, a
mediados de los años 80, las evaluaciones de las Instituciones de Educación Superior,
igualmente iniciaron las evaluaciones externas, realizados por organizaciones profesionales,
incluidos dentro del Proyecto para la Evaluación de la calidad de la Educación Superior en
Europa (Morles Sánchez, 1997).
Actualmente, en Europa, la evaluación de la calidad de la Educación Superior se está
internacionalizando, dejando de ser considerado como una cuestión interna de un país y
considerándolo como una rendición de cuentas mutua. En América latina, el tipo de evaluación
realizada en la educación de postgrado es la acreditación, que es un sistema de evaluación
institucional que permite realizar un control de la calidad académica. A este tipo de evaluación
de los estudios de postgrado no se ha dado la debida importancia, surgiendo algunas dificultades
como: falta de una definición exacta del proceso de evaluación, imprecisión y falta de claridad
de los objetivos, ausencia de instrumentos bien elaborados, la utilización parcial, o inapropiada
de la información obtenida entre otros (Salcedo Galvis, 1997).
Mientras en América Latina, la formación de postgrado cuenta con apenas 70 años de
existencia y surgen más bien de la copia y reproducción de otros modelos que en responder a
las necesidades de la sociedad. Por esas razones la formación de postgrado tiene ciertas
falencias, entre los que se destacan que se considera una actividad accesoria o secundaria, que
no tiene un gran impacto en la sociedad, tiene un alto costo para los profesionales, para el
Estado, y a las Instituciones de Educación Superior: el rendimiento de los graduados es bajo, la
demanda es insuficiente, su existencia está mal distribuida, desde el punto de vista territorial,
profesional y de niveles de estudio (Morles Sánchez, 1997).
Tal como se ha visto, a pesar de las trabas, la educación de postgrado en Latinoamérica
se observa actualmente una rápida evolución y expansión. La evaluación de los programas de
postgrado es un área de investigación reciente en su alcance mundial, si bien existen
importantes diferencias en cuanto al contexto económico y político que en estos procesos tienen
lugar. Mientras en los Estados Unidos existe una afianzada cultura evaluativa de los títulos de