(2003), quienes conceptualizaron el proceso de duelo como una serie de cambios psicológicos
y psicosociales, principalmente de tipo emocional, lo que implica un proceso interno; las
conductas y representaciones están estrechamente relacionadas a la pérdida afectiva, la
frustración o el dolor. Los mismos autores, han afirmado que tanto los niños como los
adolescentes necesitan comprender y dar un significado a la pérdida de manera adecuada al
momento evolutivo que atraviesan, pese a la costumbre en algunas culturas de alejarlos, retrasar
o evitar darles a conocer el fallecimiento, con la finalidad de resguardarlos o no afligirlos.
En este punto, Worden J.W. (1997), describe dos tipos de duelo: el duelo normal o no
complicado y el duelo complicado. Según el autor el duelo normal abarca un amplio rango de
sentimiento y conductas que son esperables luego de una pérdida, y los divide en cuatro
manifestaciones. Primeramente, los sentimientos, entre ellos la tristeza, el enfado, la culpa y el
autorreproche, la ansiedad, la soledad, fatiga, impotencia, anhelo, incluso shock
(embotamiento). También, pueden ser positivos como sentimiento de emancipación, o alivio si
el ser querido sufrió por un largo periodo o tuvo una enfermedad dolorosa. Sin embargo, existe
la posibilidad de experimentar insensibilidad, probablemente como una protección ante el
desborde de sentimientos. Las sensaciones físicas también juegan un rol importante en el
proceso de duelo y suele ser motivo de preocupación. El doliente puede sentir vacío en el
estómago, opresión en el pecho y/o la garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de
despersonalización (distanciamiento, como si el entorno o uno mismo no fuera real), falta de
aire, debilidad muscular o sequedad en la boca. Otras manifestaciones del duelo normal son de
carácter cognitivo, y por lo general desaparecen en un breve periodo de tiempo, como la
incredulidad, la confusión, preocupación sobre el fallecido, sentimiento de presencia (la persona
en duelo podría pensar que el que el fallecido todavía está cerca en algún sentido físico o
espiritual), también pueden presentarse alucinaciones o ilusiones perceptivas. Finalmente, el
autor reconoce manifestaciones conductuales dentro del duelo normal entre ellas, trastornos del
sueño, trastornos alimenticios, conducta distraída, aislamiento social, soñar con el fallecido,
evitar recordatorios del fallecido, buscar o llamar en voz alta o en forma subvocal, suspirar
(puede estar asociado a la sensación física de falta de respiración), hiperactividad desordenada,
el llanto. –el cual puede tener un efecto desestrezante-, visitar sitios o portar consigo objetos
que recuerden al fallecido, o atesorar estos objetos.
Worden J.W. (1997), también explica que una misma persona no experimenta la
totalidad de los síntomas, estas reacciones son plenamente normales dentro del proceso de
duelo, por ende, se debe evitar tratarlos como patológicos. Sin embargo, si estas reacciones se