Introducción:
En la sociedad actual, las finanzas personales han adquirido un significado crucial. Esto
se debe a que el manejo adecuado de los ingresos, inversiones y gastos puede tener un impacto
directo en la calidad de vida a corto plazo, garantizando un futuro tranquilo y permitiendo que
cada individuo y su familia disfruten de los frutos de su vida productiva (Quintero Arango et
al., 2020).
En este mismo contexto, agrega Espinosa et al., (2022), que a lo largo de la vida, las
personas necesitan contar con recursos financieros adicionales para diversas situaciones, como
el matrimonio, la llegada de un hijo, la educación, inversiones empresariales, enfrentar
enfermedades, el retiro o la jubilación, entre otras. Todos estos eventos requieren disponibilidad
de recursos, los cuales se pueden obtener a través del ahorro.
Por tanto, para lograr el ahorro según Alvarado Carabante (2022), se debe seguir los
siguientes pasos, paso 1: conocer en qué gasto mi dinero, paso 2: controlar nuestro presupuesto,
paso 3: establecer metas de ahorro y hacer un plan de ahorro, paso 4: encontrar oportunidades
de ahorro, paso 5: buscar un producto financiero que me ayude a cumplir mis metas. Además,
para poner en práctica estos pasos se requiere visión de futuro y constancia, pero si se logran y
se establecen como un estilo de vida, sin duda alguna nos conducirá a la libertad financiera.
Por lo anterior, para lograr lo mencionado, se necesita de una buena educación
financiera, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)
(2013): la educación financiera implica el proceso mediante el cual los consumidores e
inversores financieros amplían su comprensión sobre productos financieros, conceptos y
riesgos. A través de información, instrucción y/o asesoramiento objetivo, adquieren habilidades
y confianza para ser más conscientes de las oportunidades y riesgos financieros, tomar
decisiones informadas, saber dónde buscar ayuda y emprender acciones efectivas para mejorar
su bienestar económico.
Además, la educación financiera abarca tres aspectos fundamentales: i) Obtener un
conocimiento sólido en el ámbito financiero; ii) Desarrollar habilidades que permitan aplicar
esos conocimientos en beneficio propio; y iii) Ejercer la responsabilidad financiera a través de
una gestión adecuada de las finanzas personales. Por lo tanto, la importancia de la educación
financiera no se restringe únicamente a los adultos, sino que debe comenzar a abordarse desde
la infancia, haciendo hincapié en cada etapa del ciclo escolar hasta llegar a la universidad
(Villada et al., 2017).