Introducción
En el contexto actual, la agricultura experimenta una transformación sin precedentes,
impulsada por la rápida evolución de las tecnologías digitales. Este fenómeno, conocido como
Inclusión Digital, ha dejado una marcada impronta en diversos sectores, siendo la agricultura
uno de los protagonistas destacados. La intersección entre la tecnología y la producción
agrícola, especialmente en el caso de los pequeños productores agropecuarios, plantea
cuestionamientos cruciales sobre la competitividad y sostenibilidad de este sector vital para la
seguridad alimentaria global.
La emergencia sanitaria ha impulsado el proceso de digitalización de la sociedad a una
velocidad sorprendente: avances que se preveían que llevarían años en materializarse han
ocurrido en cuestión de meses. Durante la crisis, las tecnologías digitales se han vuelto
fundamentales para el funcionamiento de la economía y la sociedad, impactando en áreas clave
como la salud, la educación, el trabajo, la logística y el comercio. Según un informe de CEPAL
sobre el impacto del COVID-19 en la región, entre el primer y segundo trimestre de 2020, el
uso de soluciones de teletrabajo aumentó un 324%, el comercio electrónico creció un 157%, y
la educación en línea experimentó un incremento superior al 60% ((CEPAL), 2020)
El avance tecnológico, especialmente en el ámbito digital, está transformando
industrias, mercados y sociedades en su conjunto. En la actualidad, las tecnologías digitales son
herramientas fundamentales para la concepción, fabricación y comercialización de bienes y
servicios en diversas cadenas y sectores económicos. La evidencia sugiere que la incorporación
de estas tecnologías en una industria se asocia con incrementos en el valor añadido y mejoras
en la productividad a nivel empresarial (Gal y otros, 2019); (Mosiashvili & Pareliussen, 2020),
lo cual puede tener impactos significativos en los niveles de salario e ingreso de las personas.
La actual revolución industrial combina diversas tecnologías digitales avanzadas, como
software sofisticado, realidad aumentada, sensores, análisis de grandes datos, robotización y
manufactura aditiva. Estas tecnologías posibilitan una mayor flexibilidad en los procesos
industriales, aceleran la innovación, automatizan la producción y mejoran la eficiencia en la
toma de decisiones. Inicialmente, estos avances se asociaron principalmente con conceptos
como la industria 4.0 o la manufactura avanzada, pero también se aplican a otros sectores como
la salud (por ejemplo, tecnología emocional, tecnología para el cuidado, aplicaciones de
monitoreo y telemedicina), la energía (con sensores para optimizar los procesos de compra y
venta de energía) y el sector agrícola (mediante prácticas como el riego de precisión y el análisis
de grandes datos para la información climática) (CEPAL, 2016)